A la hora de realizar una inversión en una instalación fotovoltaica, una de las primeras cuestiones que surgen es qué tipo de módulos elegir entre la amplia gama que hay disponible en el mercado y, sobre todo, como de rentable será la inversión en términos de durabilidad del producto.

Al ser una tecnología relativamente nueva, no existen evidencias basadas en la experiencia de cuál es la vida útil de un módulo fotovoltaico y hace de esta cuestión un asunto algo más complejo de lo que a priori pudiese parecer.

Además, para responder adecuadamente deberíamos tener en cuenta otros factores importantes como son la calidad en el proceso de fabricación y el mantenimiento preventivo.

Cuando nos preguntamos por la vida útil de un panel fotovoltaico, la primera cuestión que nos viene a la mente es quién lo ha suministrado y donde ha sido fabricado. Hay multitud de empresas fabricantes por todo el mundo que ofrecen sus productos, pero ¿pueden todas ellas garantizar la calidad de los mismos?

Las empresas con sede en Europa trabajan con los estándares de calidad de la UE, que garantizan que sus productos han sido cuidadosamente ensayados en laboratorios.

Por ejemplo:

– Los ensayos de exposición a los rayos UV determinan si hay una degradación de las propiedades del módulo fotovoltaico cuando es sometido durante un periodo considerable a este tipo de radiación.

– Los ensayos climáticos simulan el impacto del envejecimiento de los paneles fotovoltaicos en un periodo corto de tiempo, de manera que el fabricante puede prever cualquier degradación de sus propiedades. Este ensayo cubre temperaturas desde los -72°C hasta los 180°C y humedades relativas del 5% al 97% (a una temperatura de 25°C)

¿Hay diferencias notables entre los distintos fabricantes a nivel mundial?

Hace apenas una década bastaba en fijarse en los periodos de validez de las garantías y el servicio post-venta ofrecido para decantarse por productos europeos si lo que primaba era la calidad y garantía del producto.

En algunos países como Alemania era habitual obtener unas garantías que oscilaban entre los 20 y 30 años cuando otros fabricantes, como por ejemplo los asiáticos, ofrecían una horquilla entre los 10 y 12 años.

No obstante, algunas de las multinacionales chinas más asentadas en el mercado internacional comenzaron una fuerte apuesta por obtener certificados de calidad de sus productos como el internacional IEC, el marcado CE europeo, el TÜV alemán, el colombiano RETIE, el francés ETN y el americano UL, con el fin de potenciar las ventas en los mercados internacionales.

Incluso invirtieron sumas considerables en la creación de laboratorios, como el de Yingli Solar en San Agustín del Guadalix en Madrid, donde se realizan ensayos de seguridad eléctrica, medición de potencia y pruebas de inspección de acuerdo con la norma internacional IEC 61216:2005.

En definitiva, los procesos de producción de módulos fotovoltaicos tienen unos estándares de calidad más homogeneizados a nivel mundial, por lo que deberemos fijarnos en otros factores como la disponibilidad, precios y el servicio post-venta para realizar una elección lo más acertada posible.

Mantenimiento de los módulos.

Habitualmente, el mantenimiento es realizado por la empresa instaladora o por una compañía especializada en este campo. No obstante, y si la instalación es de pequeño tamaño, como las de tipo residencial en viviendas unifamiliares, hay un mantenimiento preventivo básico muy fácil de seguir por el propio usuario de la instalación:

– Mantener los módulos limpios de suciedad, polvo o nieve.

– Monitorizar el sistema para comprobar que se está produciendo energía eléctrica dentro de los márgenes esperados.

De nada serviría preocuparse por la calidad en la fabricación de los paneles si luego no se cumple con un mantenimiento preventivo básico.

En definitiva, la eficiencia y durabilidad de los módulos fotovoltaicos depende de varios factores, como son que la propia instalación del sistema funcione correctamente y haya sido instalada por un profesional en la materia, hasta la procedencia de los propios módulos, sin dejar de tener en consideración el mantenimiento que se realice en los mismos.